Un año haciendo talleres: lo que aprendí

En enero de 2017 dicté mi primer taller de caligrafía con brush pen y no fue porque lo planifiqué así, sino todo lo contrario, (los que ya a estas alturas son) mis amigos de la librería Arte Papel me escribieron para que los fuera a conocer y me propusieron hacer talleres en su espacio.

Obviamente contesté enseguida un rotundo NO, porque una siempre peca de insegura, de que no está preparada, de que no es “suficiente”. Y menos mal que luego lo pensé mejor y cambié de opinión, porque este año haciendo talleres ha sido uno de los más enriquecedores en mucho tiempo. Porque no solo aprenden ustedes, sino que también ustedes me enseñan a mi. Y muchísimo ❤

Debo decir que soy una afortunada por todos lados: porque Luis y la Lulú de Arte Papel creyeron en mi desde el primer día, me confiaron su preciado espacio y me alentaron y apoyaron en todo, hasta el día de hoy (y ojalá por los siglos de los siglos). Y también por todos ustedes que han asistido a mis talleres, que me eligieron a mi (entre tantos otros) para que les enseñara este bonito oficio.

Mis talleres los hago a pulso, con cariño y dedicación. He actualizado mil veces la guía de ejercicios de clase, porque siempre encuentro que puedo hacerlo mejor. Siempre les tengo lápices nuevitos, ya que los “chascones” los voy jubilando (y se los he ido regalando a mis seguidores de Instagram, porque son los más pechochos). Los espero con una sonrisa (aunque este año haya sido cruelmente intenso en otros aspectos), con un GRACIAS POR ESTAR ACÁ. He ido a hacer clases enferma, con los mocos colgando, con la espalda tomá… por no cambiarles la fecha, por no dejarlos botados.

Con todo esto mis talleres siempre estuvieron llenitos, a tope, incluso se quedaba gente afuera, y por eso estoy forever muy, muy agradecida. Son los mejores ❤

Durante 2017 pasaron por mis talleres 387 alumnos (sí, llevo la cuenta, porque soy obsesiva), repartidos mes a mes, todos los meses del año. Hicimos sesiones mayormente en Santiago, pero también me fui a Viña del Mar y en un par de semanas más cerraré el año en Frutillar.

Mi experiencia dictando talleres básicos y avanzados me enseñó muchas cosas, entre ellas a que es necesario prestar atención a cada alumno de manera individual y no solo dar la clase para todos por igual. En los grupos siempre llegan personas que saben un poquito más que otras, y a ellos los incentivo a que lleguen a niveles mayores, modificando los ejercicios, por ejemplo, corrigiendo a cada uno de manera individual.
Esto porque también he sido alumna y me ha pasado justamente lo contrario: que pago por un taller en que aprendo muy poco más de lo que ya sabía, y eso es muy fome. Por eso mis talleres están pensados para que siempre termines aprendiendo técnicas y tips nuevos.

Espero que este 2018 se venga con muchísimos proyectos nuevos y hermosos, como mi papelería, por ejemplo, en la que ya me encuentro trabajando.

¡Besos a todos!

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